martes, 5 de enero de 2016

El mágico trabajo de Melchor, Gaspar y Baltasar

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Todas las edades
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El mágico trabajo de Melchor, Gaspar y BaltasarEl niño miraba el libro de inglés sin mostrar ninguna atención. Estaba tan aburrido como cuando hacía los ejercicios de matemáticas. Y tan distraído, como cuando la profesora dictaba en clase.

Pablo, hijo mío, deberías intentar ser un poco más aplicado. Sin estudios no tendrás un buen trabajo el día de mañana – le reñía su padre cada día.

- Pero papá, si yo de mayor quiero ser Rey Mago. Ellos solo trabajan un día al año – respondía el niño.
- Te equivocas. Los Reyes Magos trabajan sin descanso durante todo el año para cumplir los deseos de los niños. No solamente un día.
- Pero papá, ¡si son magos! ¡ no tienen que hacer nada! Sólo chasquear los dedos y decir las palabras adecuadas.

Ante la respuesta de Pablo, su papá cogió al pequeño y lo sentó junto a él en el sofá del salón. Lo tapó con una manta de lana, pues ya se notaba el cambio de tiempo, y le dio una manzana para merendar.

- Pablete, escúchame atentamente porque voy a hablarte del complicado trabajo que realizan los Reyes Magos. Ellos son personas muy entregadas, que adoran lo que hacen y que sobre todo adoran ver felices a los niños del mundo. Por ello dedican muchas horas al año a desarrollar un trabajo perfecto en la Noche de Reyes y buscan sin descanso el regalo elegido por cada niño durante el resto del año.
Aunque no lo sepas, los Reyes Magos tienen que dominar muchos idiomas porque reciben cartas con las peticiones de niños de todas partes del mundo. Viajan mucho durante una noche y no pueden perder ni un minuto, por lo que deben saber comunicarse correctamente para no extraviarse por las carreteras y no confundir las señales de tráfico.
Además, como recorren el mundo de punta a punta, tienen que tener extensos conocimientos en geografía.

El mágico trabajo de Melchor, Gaspar y BaltasarPor otro lado siempre viajan con sus camellos y éstos pueden ponerse malitos, por lo que Melchor, Gaspar y Baltasar deben saber atenderlos de un modo adecuado para que puedan continuar ayudándoles el resto de la noche, pues ellos solos no podrían llevar todos los regalos. Pero si los camellos cogen fiebre o están muy muy enfermos, los Reyes Magos los dejan descansando a las afueras de alguna ciudad. Entonces los tres tienen que continuar su trabajo a pie, afanándose en depositar cada regalo con la mayor rapidez. Por lo que Melchor, Gaspar y Baltasar también tienen que hacer mucho deporte y comer muy sano durante el año para que puedan resistir ese gran esfuerzo. ¿Te das cuenta ahora de que no es tan sencilo ser Rey Mago?

Pablete entendió lo equivocado que estaba y desde entonces se aplicó en sus estudios y nunca nunca nunca se olvidó de dejar a los Reyes Magos un enorme tazón de leche y un plato de galletas para cada uno, además de tres cuencos con agua para sus camellos. Comprendió que más que magia, lo que había era una gran dedicación de Melchor, Gaspar y Baltasar en su trabajo.

La Sirenita

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A partir de 8 años
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La SirenitaEn medio del mar, en las más grandes profundidades, se extendía un reino mágico, el reino del pueblo del mar. Un lugar de extraordinaria belleza rodeado por flores y plantas únicas y en el que se encontraba el castillo del rey del mar.

Él y sus seis hijas vivían felices en medio de tanta belleza. Ellas pasaban el día jugando y cuidando de sus flores en los majestuosos jardines de árboles azules y rojos. La más pequeña de ellas, era la más especial. Su piel era blanca y suave, sus ojos grandes y azules, pero como el resto de las sirenas, tenía cola de pez. A la pequeña sirena le fascinaban las historias que su abuela contaba acerca de los seres humanos, tanto que cuando encontró una estatua de un hombre en los restos de un barco que naufragó no se lo pensó y se la llevó para ponerla en su jardín. La abuela les contó que algún día conocerían la superficie.

- Cuando cumpláis quince años podréis subir a la superficie y podréis contemplar los bosques, las ciudades y todo lo que hay allí. Hasta entonces está prohibido.

La pequeña sirena esperó a que llegara su turno ansiosa, imaginando como sería el mundo de allá arriba. Cada vez que a una de sus hermanas le llegaba el turno y cumplía los quince años, ella escuchaba atentamente las cosas que contaba y eso aumentaba sus ganas porque llegara el momento de subir.

Tras años de espera por fin cumplió quince años. La sirena subió y se encontró con un gran barco en el que celebraban una fiesta. Oía música y alboroto y no pudo evitar acercarse para tratar de ver a través de una de sus ventanas. Entre la gente distinguió a un joven apuesto, que resultó ser el príncipe, y por quien quedó embelesada al observar su belleza.

Continuó allí mirando hasta que una tormenta cayó sobre ellos repentinamente. El mar comenzó a rugir con fuerza y el barco empezó a dar tumbos como si se tratase de un barquito de papel, hasta que finalmente logró partirlo y mandarlo al fondo del mar. En medio del naufragio la Sirenita buscó al príncipe, logró rescatarlo y llevarlo sano y salvo hasta la playa. Estando allí oyó a unas muchachas que se acercaban, y rápidamente nadó hasta el mar por miedo a que la vieran. A lo lejos vio como su príncipe se despertaba y conseguía levantarse.

La Sirenita siguió subiendo a la superficie todos los días con la esperanza de ver a su príncipe, pero nunca lo veía y cada vez regresaba más triste al fondo del mar. Pero un día se armó de valor y decidió visitar a la bruja del mar para que le ayudara a ser humana. Estaba tan enamorada que era capaz de pagar a cambio cualquier precio, por alto que fuera. Y vaya si lo fue.

- Te prepararé tu brebaje y podrás tener dos piernecitas. Pero a cambio… ¡deberás pagar un precio!

- Quiero tu don más preciado, ¡tu voz!

- ¿Mi voz? Pero si no hablo, ¿cómo voy a enamorar al príncipe?

- Tendrás que apañarte sin ella. Si no, no hay trato

- Está bien

La malvada bruja le advirtió que nunca más podría volver al mar y que si no conseguía enamorar al príncipe y éste contraía matrimonio con otra mujer, moriría y se convertiría en espuma de mar. La Sirenita estaba muy asustada pero a pesar de todo, aceptó el trato.

La sirena se tomó la pócima y se despertó en la orilla de la playa al día siguiente. Su cola de sirena ya no estaba, en su lugar tenía dos piernas. El príncipe la encontró y le preguntó quién era y cómo había llegado hasta allí, la sirena intentó contestar pero recordó que había entregado su voz a la bruja. A pesar de esto la llevó hasta su castillo y dejó que se quedara allí. Entre los dos surgió una bonita amistad y cada vez pasaban más tiempo juntos.

PLa Sirenitaasó el tiempo y el príncipe le anunció al día siguiente su boda con la hija del rey vecino. La pobre sirena se llenó de tristeza al oír sus palabras pero a pesar de eso lo acompañó en la celebración de sus nupcias y celebró su felicidad como el resto de los invitados. Pero sabía que esa sería su última noche, pues tal y como le había advertido la bruja, se convertiría en espuma de mar al alba. A punto de amanecer, mientras contemplaba triste el horizonte, aparecieron sus hermanas con un cuchillo entre las manos. Era un cuchillo mágico que les había dado la bruja a cambio de sus cabellos y con el que si lograba matar al príncipe podría volver a convertirse en sirena.

La sirenita se acercó sigilosa al príncipe, que estaba durmiendo y levantó el cuchillo...pero se dio cuenta de que era incapaz de acabar con él, aunque esta fuera su única oportunidad de seguir viva.

De modo que se lanzó al mar y mientras se convertía en espuma, conoció a unas criaturas espirituales: las hijas del aire.

- Todavía tienes una oportunidad de conseguir un alma inmortal. Tendrás que pasar trescientos años haciendo el bien como nosotras, y después podrás volar al cielo.

Mientras las escuchaba vio cómo el príncipe la buscaba en el barco, y en la distancia permaneció contemplándolo mientras una lágrima, la primera de toda su vida, comenzó a brotar por su mejilla.

Pinocho

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A partir de 8 años
PinochoUna noche, estaba el carpintero Gepetto tallando en su taller un muñeco de madera. Como siempre, se esforzó tanto en su trabajo que el resultado fue realmente extraordinario. No le faltaba detalle: sus piernas, sus brazos, su cuerpo y una simpática nariz putiaguda.

- Ya estás listo. Aunque debería ponerte un nombre… ¡Ya sé! Como estás hecho de pino te llamaré Pinocho. - dijo el viejo carpintero.

Lástima que sólo seas un muñeco y no puedas ser mi hijo, me encantaría que fueses un niño de verdad.

Pero mientras Gepetto dormía llegó a la casa una invitada: el Hada Azul. Ésta había oído el deseo del anciano y estaba allí para hacerlo realidad. Cogió su varita mágica y le dijo a Pinocho:

- Despierta Pinocho. Ahora puedes hablar y moverte como los demás. Pero tendrás que ser muy bueno si quieres convertirte en un niño de verdad - y tras decir esto el hada desapareció.

Pinocho comenzó a moverse por el taller y escondido tras unos juguetes descubrió a un grillo.

- Hola, ¿quien eres? Yo me llamo Pinocho. Puedes salir y jugar conmigo si quieres.

El grillo tuvo un poco de miedo, pero acabó saliendo. Se hicieron rápidamente amigos y empezaron a jugar y a reír. Armaron tal estruendo que despertaron a Gepetto.

Cuando vio que su sueño se había cumplido y Pinocho había cobrado vida lo abrazó con todas sus fuerzas y comenzó a reír.

- ¡Qué alegría Pinocho! Haré de tí un niño bueno y aplicado. Aunque para eso deberías ir a la escuela… Sí, ya se. Irás mañana mismo como todos los niños. Espérame aquí que voy a comprarte un libro.

El anciano salió de casa y regresó muy tarde. Incluso tuvo que vender su abrigo para comprar el libro al pequeño. Pero no le importó porque sólo deseaba lo mejor en el mundo para el que ahora era su hijo.

Al día siguiente Pinocho iba camino de la escuela cuando se cruzó con un chico al que todos llamaban Espárrago porque era muy delgado.

- ¿Vas a ir al colegio? ¡Pero si es aburridísimo! Vente conmigo a ver el teatro de marionetas. ¡Verás como allí si que te lo pasas bien!

Pinocho no lo dudó y le dijo que sí a su nuevo amigo.

- Pero Pinocho, ¿qué haces? - le dijo el grillo parlanchín, que escondido en el bolsillo de su chaqueta lo había oído todo - ¡Tu obligación es ir a la escuela! ¡Y es también el deseo de tu padre!

Pero Pinocho no hizo caso de los consejos de su amigo y fue con Espárrago al teatro.

La función tanto gustó a Pinocho que acabó subiéndose al escenario con el resto de las marionetas. La gente aplaudía y reía animádamente y Tragalumbre, el dueño del teatro, se percató enseguida de que Pinocho podría hacerle ganar mucho dinero.

- No puedo quedarme señor - contestó Pinocho a Tragalumbre - Mi padre…

Y antes de que pudiera acabar la frase lo cogió por el brazo, lo metió en una jaula y lo encerró con llave.

El pobre empezó a llorar, tanto que el Hada Azul lo oyó y acudió en su ayuda para liberarlo.

De vuelta a casa Pinocho encontró a Gepetto muy preocupado.

- ¿Dónde estabas Pinocho?
- En la escuela padre… Pero luego la maestra me pidió que fuera a hacer un recado…

Y en ese instante la nariz de Pinocho comenzó a crecer y a crecer sin que el pobre pudiera hacer nada.

- ¡Debes decir la verdad! Le reprendió su amigo el grillo parlanchín.

Pinocho confesó muy triste la verdad a su padre y le prometió no volver a mentir ni faltar tampoco a la escuela.

Al día siguiente cuando se dirigía a la escuela junto con su amigo el grillo cuando se encontró a Espárrago escondido en un callejón.

- ¿Qué haces aquí Espárrago?
- Esperar al carruaje que va al País de los juguetes. Es un lugar increíble, está lleno de golosinas y caramelos y no hay escuela ni nadie que te diga lo que tienes que hacer. ¡Hasta puedes pasarte el día entero jugando si quieres! ¿Por qué no vienes conmigo?

Pinocho aceptó rápidamente y de nuevo volvió a desobedecer a su padre y a olvidar sus promesas. Su amigo el grillo trató de advertírselo, pero Pinocho no hizo caso alguno.

- ¡No, Pinocho!. No es buena idea que vayas, créeme. Recuerda la promesa a tu padre.

En el País de los juegos todo era estupendo. Había atracciones por todos lados, los niños corrían y reían, podían comer algodón de azúcar y chocolate… a Pinocho no se le ocurría un lugar mejor en el que estar. Pinocho pasó así días y días hasta que un día pasó junto a un espejo y se dio un gran susto.

- ¡¡¿Pero qué es esto?!! - dijo tocándose la cabeza - ¡Me han salido orejas de burro!

Corrió a contárselo a Espárrago y no pudo encontrarlo por ninguna parte. ¡En su lugar había un burro! Estaba tan asustado que quiso pedir ayuda y todo lo que fue capaz de hacer fue rebuznar. Afortunadamente su fiel amigo el grillo parlanchín seguía siendo un grillo así que pudo indicar a Pinocho la forma de salir de aquel lugar lo antes posible.

Pinocho y el grillo caminaron durante días hasta llegar a casa y las orejas de burro terminaron por desaparecer. Pero cuando llegaron a casa de Gepetto la encontraron vacía.

- ¡No está! ¡Mi padre no está! - decía Pinocho entre lágrimas

Una paloma que pasaba por allí oyó a Pinocho.

- Perdona pero, ¿tu padre se llama Gepetto tal vez?
- Sí, si. ¿Cómo lo sabes?
- Porque lo he visto en el mar. Iba en una barca y una enorme ballena se lo ha tragado.
- ¿Una ballena? ¡Rápido grillo, tenemos que ir en su búsqueda! Gracias paloma.

Pinocho y el grillo llegaron a la playa y se subieron a una pequeña barca de madera. Anduvieron días a la deriva en el inmenso océano. De repente, les pareció divisar tierra a lo lejos, pero cuando estuvieron cerca se dieron cuenta de que no era tierra lo que veían sino la ballena que andaban buscando.

PinochoDejaron que la ballena se los tragara y todo se quedó sumido en la más absoluta oscuridad. Pinocho comenzó a llamar a su padre a gritos pero nadie le contestaba. En el estómago de la ballena solo había silencio. Al cabo de un largo rato Pinocho vio una lucecita al fondo y le pareció escuchar una voz familiar.

- ¿Pinocho? ¿Eres tu, Pinocho?- gritaba la voz
- ¡Es mi padre! Papá aquí, soy yo. ¡Estoy aquí!

Por fin pudieron volver a abrazarse padre e hijo después de tanto tiempo. Estaban tan contentos que por un momento se olvidaron de que tenían que encontrar la forma de salir de allí.

- Ya sé - dijo Pinocho - haremos fuego quemando una de las barcas y así la ballena estornudará y podremos salir.

El plan dio resultado, la ballena dio un tremendo estornudo y Gepetto, Pinocho y el grillo parlanchín salieron volando. Estaban a punto de alcanzar la playa cuando Pinocho vio como a su viejo padre le faltaban las fuerzas para continuar.

- Agárrate a mi. Yo te llevaré

Pinocho lo llevó a su espalda pero él también empezaba a estar cada vez más y más cansado. Cuando llegaron a la orilla su cuerpo de madera se rindió y quedó tendido boca abajo en el agua.

- ¡Pinocho! ¡No, por favor! ¡No te vayas y me dejes aquí! - gritaba desconsolado Gepetto cogiendo a Pinocho entre sus brazos

En ese momento apareció el Hada Azul.

- Gepetto, no llores. Pinocho ha demostrado que aunque haya sido desobediente tiene buen corazón y te quiere mucho así que se merece convertirse un niño de verdad.

De modo que el hada movió su varita y los ojos de Pinocho se abrieron de nuevo. Se había convertido en un niño de verdad.

Pinocho, Gepetto y el grillo volvieron a casa y vivieron felices durante muchos muchos años.

La bruja que quería ser rica

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A partir de 4 años
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La bruja que quería ser ricaHabía una vez una bruja pobre que se ganaba la vida haciendo pócimas por encargo.
La bruja hacía todo tipo de mejunjes sin importarle cuál sería su uso a cambio de unas monedas.

Un día, la anciana bruja recibió la visita de un joven que quería heredar toda la fortuna de un anciano rico que había prometido dejar toda su fortuna al joven más honrado que hubiera en el país. La bruja vio la oportunidad de hacerse rica y le dijo al joven:
- Está bien, te preparé la pócima. Pero a cambio quiero un saco de oro.
- Está bien. Aquí lo tienes.

Cuatro muchachos más pasaron por casa de la bruja buscando lo mismo a lo largo del día, y a los cuatro les vendió la misma pócima a cambio de un saco de oro sin decirles que ya había vendido más pócimas iguales que esa.

- Cuando lo descubran y vuelvan a por su oro les rociaré con una pócima para que pierdan la memoria y no recuerden nada de lo que ha ocurrido - pensó la bruja.

Al final del día, la bruja recibió la visita de un anciano rico que quería una pócima de la verdad.

La bruja enseguida se dio cuenta de que ese anciano era el mismo al que querían robar los jóvenes que le habían comprado las pócimas ese día, pero no dijo nada y le entregó al anciano la pócima de la verdad.

-¿Qué quieres a cambio? - preguntó el anciano.

La anciana llevada por la avaricia, le contestó:

- Quiero un saco de oro por cada joven al que descubras diciendo una mentira.
- De acuerdo. Así lo haremos.

Al día siguiente, el anciano regresó a ver a la bruja, y le dijo:

- Te traigo cinco sacos de oro, uno por cada mentiroso que llegó a mi casa haciéndose pasar por un hombre honrado y con honorables pretensiones en la vida.

Cuando la bruja fue a coger los sacos de oro, el anciano le cogió la mano y le dijo:

- Lo más curioso es que los cinco me dijeron que una bruja les había dado una pócima para hacerme creer que ellos eran los elegidos. ¿Sabes algo de esto?

La bruja, que era muy astuta, no quería decirle ninguna mentira, por si acaso el anciano conservaba todavía parte de la pócima de la verdad que le había dado, así que respondió dando un rodeo.

- Hay muchas brujas en este lugar, ¿por qué iba yo a saber nada?
- Los cinco jóvenes me han dicho que has sido tú -dijo el anciano-.
- ¿Acaso te han dado alguna prueba que demuestre lo que dicen?
- Los frascos con sus pócimas son iguales al que me diste a mí con la pócima de la verdad Compruébalo tú misma.

La bruja que quería ser ricaLa bruja quiso aprovechar ese momento para rociar al anciano con la misma para que perdiera la memoria, pero éste fue más rápido y le echó a la bruja el resto de la pócima de la verdad que le quedaba y esta acabó por confesar que mentía.

Poco después llegaron los jóvenes a los que les había vendido la pócima para hacerse con la herencia del anciano pidiendo explicaciones. A la bruja todavía le duraban los efectos de la pócima de la verdad así que les confesó que les había dado a los tres la misma pócima. Los jóvenes recuperaron cada uno su saco de oro y se fueron de allí, dejando a la bruja avariciosa tan pobre como siempre.

La casa de los juguetes

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A partir de 4 años
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La casa de los juguetesLeo era un niño al que le encantaban las historias de ciencia ficción y siempre andaba inventando aventuras para contar a sus amigos.

-¿Sabéis lo que me pasó anoche? -decía Leo a sus amigos.

-A ver, ¿qué historia te vas a inventar ahora, Leo? -le contestaban.

-Un astronauta vino a mi habitación y me dijo que me llevaría en su cohete a la luna -respondió Leo

-¡Jajajaja! ¡Cada día inventas más, Leo! -se reían sus amigos.

Pero a Leo le divertía mucho inventar esas historias y soñaba con que algún día una de ellas se haría realidad.

Ese fin de semana, Leo se fue con su bici a dar un paseo y, de repente, vio unas luces muy extrañas en una casa abandonada.

-¿Qué habrá sido eso? -se preguntaba.

Como era tan curioso, no dudo un momento en ir a ver qué había allí.

Al acercarse, pudo oír un montón de voces y risas y ver muchas luces de colores que salían por la ventanas. ¡Parecía una fiesta!

Cuando Leo llegó vio que la puerta estaba abierta, así que, ni corto ni perezoso, entró para cotillear. Lo que no esperaba era lo que iban a ver sus ojos.

¡Esa casa estaba llena de juguetes que habían cobrado vida! Ositos de peluche y muñecas bailando, robots cantando en un karaoke y hasta pelotas que saltaban por todos lados riéndose a carcajadas.

Leo se quedó petrificado en la puerta hasta que uno de lo ositos de peluche se dio cuenta de que el niño estaba ahí.

- ¡Mirad todos! ¡Un niño ha venido a vernos! -gritaba el osito.

Todos los juguetes se pusieron muy contentos porque hacía mucho que ningún niño aparecía por allí, así que todos invitaron a Leo a quedarse en la fiesta.

Leo se divirtió como nunca y estaba deseando volver para contárselo a sus amigos.

La casa de los juguetes-¡Chicos! Cuando os cuente esto no os lo vais a creer -dijo Leo

-Leo, ¡ya vale de inventar historias! ¡Ya no te creemos! -le respondieron.

Pero esta vez era verdad y Leo se dio cuenta de que, aunque fuera de broma, les había mentido tanto que ahora sus amigos no lo iban a creer.

Así que les prometió que nunca más inventaría historias a cambio de que le acompañaran a la casa de los juguetes. Aunque al principio nadie quería ir, al final todos fueron y alucinaron tanto que agradecieron siempre a Leo que compartiera ese gran secreto con todos.

Polvos de hada

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A partir de 6 años
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Polvos de hadaÉrase una vez, un lugar encantado en el que vivían unas bellísimas hadas. Sus alas eran preciosas, de muchos colores, y brillaban tanto que cualquiera las podía ver cuando volaban en el cielo.

De todas ellas, había dos que destacan por encima del resto. Una de ellas se llamaba Alina y la otra Gisela. Ambas tenían las alas más grandes y brillantes de todo el lugar. Tanto que el resto de hadas las admiraban profundamente.

No muy lejos de aquellas hadas vivía Úrsula, la reina de los mundos oscuros. Una hechicera muy fea, llena de verrugas y con la cara muy arrugada.

Cuando la vieja bruja observaba a las hadas pensaba:
- ¡Algún día os robaré vuestros polvos de hada para convertirme en la hechicera más bella del lugar!

Úrsula era tan envidiosa que era capaz de todo. Y así lo demostró el día que las hadas organizaron una fiesta.

Ese día, todas las hadas se pusieron muy guapas y volaron en el cielo mostrando todos sus encantos. Alina y Gisela eran las más brillantes de todas y ese día estaban especialmente bellas.

Cuando Úrsula las vio, no dudó en ordenar a sus cuervos malvados que fuesen a secuestrarlas. Y, mientras Alina y Gisela revoloteaban en el cielo los pájaros se lanzaron a por ellas.
- ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Mirad esos pájaros tan feos! – gritaban el resto de las hadas desde el suelo.

Las hadas volaron y volaron para intentar escapar, pero los cuervos pudieron raptar a Gisela.
- ¡¡¡Noooooo!!! ¡¡¡Soltarla!!! – gritaban las hadas

Pero los cuervos se la llevaron a los mundos oscuros donde la bruja Úrsula le robó sus polvos de hada y la encerró en una jaula.

- ¡Ja, ja, ja! ¡Por fin tengo mis polvos de hada! Ahora me convertiré en la más bella hechicera! – gritaba Úrsula triunfal

La pobre hada se quedó apagada y triste sin sus polvos mágicos. Además la pobre ya no podía volar.

El resto de hadas no podían permitir lo que estaban pasando y entre todas pensaron un plan para salvar a Gisela.

Entonces, decidieron enfrentarse a la malvada bruja. Y así fue. Todas las hadas volaron hacia los mundos oscuros. Fue un viaje muy duro y , aunque las hadas estaban agotadas, sabían que era necesario para ayudar a su compañera. Se esforzaron mucho, sobreviviendo a las peores tormentas, pero por fin encontraron a Úrsula.
- Venimos a rescatar a Gisela y no nos moveremos de aquí hasta que le devuelvas sus polvos de hada – dijeron

Úrsula no podía parar de reír. Ahora que tenía sus polvos de hada no daría un paso atrás. Pero las hadas, no se movieron de allí y fue entonces cuando Alina dijo:
- ¡Espera! ¡Yo te daré mis polvos si la liberas!

Polvos de hadaÚrsula sabía que los polvos de Gisela eran más poderosos que los de esa hada, así que se rió aún más.

El resto de hadas se dieron cuenta del gesto que había tenido su compañera y tuvieron una idea:
- Espera. Todas te daremos algo de nuestros polvos si liberas a Gisela. Somos más de cien hadas. Así conseguirás los polvos que necesitas.

Úrsula se dio cuenta de que así conseguiría mucho más polvo del que tenía y acabó aceptando el trato.

Las hadas le hicieron prometer que nunca más las molestaría y entre todas consiguieron salvar a Gisela. Todas sabían que si perdían parte de sus polvos de hada ya no serían tan brillantes, ni volarían tan alto, ni serían tan espectacularmente bellas, pero también sabían que era la única manera de ayudar a su amiga y entre todas hicieron el esfuerzo y devolvieron a Gisela la magia de sus alas.

Mieduh, el fantasma cobardica

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A partir de 6 años
Mieduh, el fantasma cobardicaEn un castillo encantado vivían unos fantasmas muy malos que asustaban a todos las personas que vivían en él. Por las noches, los fantasmas se paseaban alegremente por el castillo, aterrorizando a cualquiera que se encontraran.

Pero había uno que no se atrevía a salir a dar sustos, porque tenía mucho miedo. Este fantasma era cobarde porque no siempre había sido un fantasma, sino que en realidad era un niño que había sido castigado por una señora a la que había asustado disfrazado con una sábana. Resultó que la señora era una bruja y le lanzó un hechizo que lo convirtió en un fantasma de verdad.

El niño fantasma tuvo que huir de su pueblo y refugiarse en un lugar donde hubiera más fantasmas como él y así llegó hasta aquel castillo encantado.

Cuando llegó a su nuevo hogar y sus compañeros descubrieron que era un cobarde al que le daban miedo los sustos, el niño fantasma pasó a ser la diversión de los demás. Para reírse de él, los demás fantasmas le daban unos sustos tremendos, y le decían:
- ¡Uuuuh! ¡Uuuuuh! ¡Tengo mieduuuuuuuh!

Y así fue como le pusieron de nombre Mieduh.

Un día llegó al castillo una nueva familia. Los muy incautos habían comprado aquella propiedad a los antiguos dueños que, hartos de fantasmas, la habían vendido a buen precio sin contarle a nadie lo terrible que era vivir en aquél lugar lleno de fantasmas.

Entre los recién llegados había una niña muy guapa y muy amable de la misma edad que Mieduh llamada Alma. Él quiso ir a visitarla para contarle lo que pasaba en aquel castillo y decirle que no tenía que tener miedo de él. En realidad él solo quería que fueran amigos. Pero en cuanto lo vio, Alma empezó a chillar aterrorizada y salió huyendo de allí.

Mieduh, asustado por aquellos gritos histéricos, corrió a esconderse. Los demás fantasmas se rieron de Mieduh sin descanso durante horas.
- ¡Ja ja ja! Para un susto que vas a dar y huyes muerto de miedo
- No fui a darle un susto -dijo Mieduh -. Sólo quería que fuera mi amiga.
- ¿Tu amiga? Eres un fantasma. ¡No puedes tener amigos!
- ¿Quién te va a querer a ti como amigo con lo aburrido que eres? Si supieras asustar tendŕias amigos fantasmas.

Pero Mieduh no quería tener esa clase de amigos. Él quería amigos de verdad, de carne y hueso, aunque no sabía muy bien cómo conseguir que Alma le hiciera caso.

Esa misma noche, todos los fantasmas se reunieron para darles una bienvenida especial a los nuevos inquilinos.
- Nos separaremos -dijo el fantasma más experimentado -. En grupos, asustaremos a cada uno por separado y, cuando se reúnan, entre todos lanzaremos el Gran Susto.

Mieduh no quería que asustaran a Alma. Ya había visto el Gran Susto en otras ocasiones, y a más de uno se le había parado el corazón con él. Así que se llenó de valor y se preparó para hacer algo. Se escondió en la habitación de Alma y, sin salir para que no la viera, le dijo:
- ¡Ps, ps! ¡Hola! -dijo Mieduh desde debajo de la cama.
- ¿Quién anda ahí? -preguntó la niña.
- Un habitante del castillo, pero no tengas miedo, no te voy a hacer nada.
- ¿Eres el fantasma de antes? -dijo la pequeña, un poco asustada.
- Bueno, no siempre he sido un fantasma, y mi intención nunca fue asustarte -.

Mieduh le contó que el castillo estaba lleno de fantasmas malos y le explicó lo que planeaban.

- Mis padres no se van a creer esto -dijo Alma-. Además, ni siquiera te veo. ¿Cómo voy a saber que eres de verdad un fantasma y no un chiquillo del pueblo que viene a asustarme y a reírse de mí?
Mieduh salió de debajo de la cama con mucho cuidado y, temblando de miedo, le dijo:
- No chilles, por favor, que me asusto.
- ¡Vaya, pues es verdad! Eres un fantasma. ¿Por qué me ayudas?
- Porque estoy muy triste y necesito una amiga. Estos fantasmas son muy malos y me están haciendo la vida imposible.
- Tranquilo, ya sé como los echaremos. Tengo una idea pero tienes que ayudarme a darles a ellos un susto todavía mayor.

Mieduh, el fantasma cobardicaLa niña habló con sus padres, y les dijo que quería organizar una noche de miedo en el castillo para divertirse un rato.
- Yo me encargo de todo. Invitaré a unos amigos y nos divertiremos.

Cuando los fantasmas salieron a dar sustos todo el mundo se rió mucho de lo divertidos que eran los disfraces, pensando que eran amigos de la muchacha invitados a la fiesta. Y mientras los fantasmas estaban confusos, Alma y Mieduh salieron metidos dentro de una gran sábana articulada que soltaba humo y chispas, dando unos gritos y unos alaridos terribles.

Los fantasmas, que no se lo esperaban, salieron corriendo asustados ante aquella situación.

Mieduh y Alma se rieron mucho y, de la emoción, la muchacha besó al fantasma. Y, como suele pasar con estas cosas de hechizos y besos, el encantamiento se desvaneció y Mieduh volvió a ser el niño de siempre.

Desde aquel día, el niño vive en el castillo con su nueva familia, y nunca más volvió a tener miedo. Y, aunque a veces se asustaba, se enfrentaba a sus miedos con valentía y coraje.